LOS DOCENTES SON BUENA GENTE
Si alguna vez he estado a punto de asesinar, ha sido a tus docentes.
Los docentes son esos seres gordos y sin corazón que te ponenla nota justa para que no puedas faltarle el respeto en vida. Si lo haces, te tiras de años y con terribles referencias.
Todos los docentes del mundo se saben de memoria “la gran respuesta”. Te la dan cuando pides ayuda porque estás haciendo el trabajo de dos personas:
-Es que no sabes organizarte –contestan-.
Te dedicas a estudiar lo menos posible, sin que sospechen. A veces, cometes pequeñas venganzas: escribes en la paredes.
Piensas en ellos más que en tu novia. Gracias a ellos tendrás un trabajo con el que comer. Has de estar agradecido: tu puesto en la universidad lo desean miles de personas. Los docentes se sienten santos. Porque te ponen una nota que según ellos, no mereces. Los docentes pasan a tu lado y no te saludan. Y entonces piensas ¿Qué pasará? ¿Me tendrá bronca?
Observas a las nuevas incorporaciones de la universidad. Pequeñas babosas que lamen los zapatos del docente. Y, para colmo, el docente se hace el amable: ¡Les sonríe!
-¡Qué buena gente es el docente! –te dice el nuevo.
Y asientes hipócritamente. Pensando cómo hacerle la vida imposible al nuevo hasta que se pase a la “resistencia” y comience a escribir paredes.
